En la física cuántica, la energía que llena el cosmos se llama energía punto cero. La energía punto cero no tiene forma, viaja a una velocidad mayor a la de la luz y es omnipresente. Es infinitamente inteligente y contiene en sí todo lo que se necesita para crear una forma perfecta. Carece de espín, frecuencia u oscilación y no es afectada por la fuerza gravitatoria.
Energía taquiónica es omnipresente e ilimitada. Contiene toda la información potencial para crear forma perfecta en el Universo. Igualmente como la energía punto cero, la energía taquiónica no tiene espín, frecuencia u oscilación y no es afectada por la fuerza gravitatoria. La diferencia real entre la energía taquiónica y la energía punto cero es que la energía taquiónica tiene forma. Una simple analogía se podría ver si uno se pone a pensar en el océano y toda su inmensidad. El océano contiene una cantidad infinita de gotas de agua, sin embargo, igualmente cono la energía punto cero, no tiene forma. Si removiera una gota del océano, aquella gota seguiría conteniendo todo lo que está dentro del océano, pero ahora ya ha adquirido forma. Asimismo, el taquión contiene todo lo que existe dentro de la energía punto cero, pero ahora tiene forma.

La condensación de la energía punto cero en la energía taquiónica es el comienzo del Continuum Energético, que tiene la responsabilidad directa por todas las formas en nuestro planeta. Es precisamente esta condensación que crea todas las formas. Al producir la masa, esta energía punto cero que carece de forma se condensa en el taquión más veloz que la luz. A la velocidad de la luz, el taquión actúa recíprocamente con los Campos energéticos organizativos sutiles (CEOS). Siendo energizados, los CEOS convierten la energía taquiónica en cualquier frecuencia necesaria para darle equilibrio al ser, afectando de esta manera la matriz energética de la que están estructuradas todas las formas físicas. Esta fase del Continuum Energético mejor se explica dentro de los términos simplificados de la física.
Para dar esta explicación, exploraremos la interacción de la energía taquiónica con la familia de partículas llamadas leptones. La primera partícula elemental de la familia de leptones es el pión. El pión existe debajo de la velocidad de la luz y posee una órbita consistente matemáticamente computable que llamamos Campo energético organizativo sutil (CEOS).
El CEOS que examinamos posee el pión en su órbita. El CEOS del pión que existe debajo de la velocidad de la luz establece interacciones con el taquión más veloz que la luz. Ya que el taquión es convertido por el CEOS en la frecuencia del pión, el pión en un instante evoluciona en el muón. El nuevo muón tiene una órbita 10 veces más grande que la del pión. El CEOS del muón todavía existe justo debajo de la velocidad de la luz. Y como el CEOS del muón establece interacciones con el taquión, la órbita vuelve a expandirse y el muón en un instante evoluciona en el electrón. Este nuevo electrón posee una órbita 207 veces más grande que la del muón.

Este proceso continuo a través del que los CEOS convierten el taquión en frecuencias necesarias por supuesto no termina aquí. Continúa hacia abajo a través del Continuum Energético, hasta alcanzar la forma perfecta al final, siendo tal forma un ser humano o cualquier otra forma cuya existencia conocemos.
Igual como todas las formas en nuestro Universo donde todo viaja a una velocidad menor a la de la luz, los CEOS no pueden exceder la velocidad de la luz. Es un hecho muy importante. Nuestro mundo es un mundo de formas; por ello, la única manera para un mundo de formas de establecer una interfaz con la energía punto cero es a través del taquión. La energía taquiónica en sí ha acumulado toda la información necesaria para crear un Continuum Energético perfecto en cada forma de vida individual. Todo lo que existe en el cuerpo humano, por ejemplo, ya existe dentro del taquión en una forma perfecta.
La verdadera naturaleza de la realidad nos ha llevado a este punto de la ciencia y evolución. A pesar de toda la oposición, la era del taquión ha empezado. Estamos agradecidos y reconocemos a los distintos científicos, pasados y presentes, que han sentado la base para esta nueva era, preparando así el camino para la revolución Taquiónica. En la actualidad todos nosotros podemos imaginarnos su potencial.